In Memoriam, Dña. María del Carmen Navarrete Santana

Dicen que el escritor tiene un miedo atroz a sentarse delante de un papel en blanco y plasmar sus ideas, sus sueños, sus palabras. Cuando acontece sentarse delante de un papel para describir a alguien que se va y que forma parte del corazón de uno, la tarea se multiplica de manera inabordable. Durante este corto proceso de la enfermedad hemos podido compartir momentos de rabia, de dolor, de desasosiego, de frustración, pero me consta que en el salón de su casa siempre estuvo la divina presencia de Nuestra Madre en la advocación del Perpetuo Socorro.

Esta mañana, antes de amanecer, miraba las notas aún colgadas en un panel de planificación de clases etc…los juguetes esparcidos de Ángel y las fotos. El destino nos unió hace siete años para ponerte en el camino de tu familia federativa, en la labor que más te gustaba, la de cultos. Tu formación teológica nos iluminó en muchas ocasiones y tu formación como letrada siempre fue un apoyo firme en esta materia, pero me quedo con tu presencia.

Tu frase de cabecera era “no puedo con mi vida” y hoy te podemos decir que si, que lo conseguiste, que pudiste con tu vida. Una vida que te llevó por caminos no siempre fáciles, que te puso pruebas que supiste y quisiste superar, una vida que también te entregó a un buen hombre y que te regaló un Ángel. Ahora, cuando el dolor se hace intenso y las veredas de la vida incomprensibles, queremos quedarnos con todos y cada uno de los momentos vividos… ¿y que escribió finalmente en el papel vacío? Que la princesa se quedó dormida plácidamente junto a su príncipe. Que en su sueño viajaba con todos los suyos, que en la mesa de la Federación discutía sobre cultos o palcos, que en la Facultad bailaba sevillanas en las fiestas o que entraba a la conserjería para ver al conserje y ayudar, como siempre, o que cruzaba de su casa al despacho de su padre en pijama….La Carmen Navarrete de las grandes ocasiones, la Hermana Mayor de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, la vocal de cultos de la Cañilla o la que se le iluminaban los ojos al oír hablar de San Alfonso María de Ligorio o Conchita Barrecheguren. Toda esa maleta lleva Carmen en su sueño, y, además, todo el amor, el cariño, el afecto, los besos y las sonrisas de quienes la conocimos y quienes la conocemos. Ten por seguro que tu legado será eterno, ya nos encargaremos tus amigos que sea así. Descansa en paz, hermana.

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