CIRIO DE FE, ESPERANZA Y CARIDAD PARA NUESTRA CANDELERÍA NAVIDEÑA

Queridos hermanos y amigos, cristianos cofrades.
Nos gusta la Navidad. Nos gustan los villancicos. Nos gustan los exquisitos dulces de nuestras convento
monacales, algunos sedes canónicas de nuestras hermandades y cofradías. Nos gusta encender la corona de
Adviento y rezar a la imagen de Nuestra Madre y Señora en la Advocación de nuestra corporación nazarena. Nos
gustan las luces del árbol. Nos gusta la alegría de las calles y del ambiente. Nos gustan los regalos. Para nosotros
el gran regalo, el más valioso, es el regalo de recibir a Cristo. Experimentarlo. Sentirlo. Orarlo. Celebrarlo. Es el
verdadero sentido y contenido de la Navidad, y así tratamos de vivirlo cada año.
Eso no quiere decir que no haya regalos en nuestras casas, que los hay. Pero los mejores regalos
navideños no son materiales. Muy importante es el regalo del tiempo. Disfrutar la intimidad de la Navidad dando
calidad al tiempo que pasamos con cada persona, escucharla, interesarnos por ella, ver como acaba el año y
cuáles son los planes para el que comienza. Es poner en solfa aquello que exclama tan bellamente el salmo:
«Amo al Señor porque escucha el clamor de mi plegaria; inclinó hacia mí su oído el día en que lo llamé» (Sal 116,
1-2) o lo que es lo mismo poner en valor la disponibilidad de Dios para la escucha de las necesidades de nuestros
hermanos. Es convertir en plegaria la convivencia con los que amamos y con el prójimo.
Navidad es también tiempo de entrega, de servicio. Es el «haced como el Hijo del Hombre, que no vino a
ser servido, sino a servir y dar su vida como rescate por muchos» (Mt 20, 28). Es un tiempo para volcarse más en
las necesidades ajenas, especialmente en este tiempo doloroso que ha abierto la covid-19, en que tantas
personas requieren de más apoyo emocional, espiritual, económico y humano. Se trata de buscar la mejor forma
para servir a aquellos que amamos y cuantos nos rodean.
La pandemia nos invita a reducir el contacto humano. El Evangelio de san Lucas recoge uno de los
pasajes más extraordinarios. Dice: «Estaba aún lejos, cuando su padre lo vio y sintió compasión; corrió a echarse
a su cuello y lo besó» (Lc 15, 20). Navidad es tiempo de perdonar, de olvidar afrentas, de abrazar al que nos ha
hecho daño; es tiempo de reconciliación. Es la realización de lo que escribió san Pedro en su Primera Carta:
«Saludaos unos a otros con un beso fraternal. Paz a todos, que estáis en Cristo» (1 Pe 5, 14). Llevar a Cristo en el
corazón, razón de la Navidad, es vivir en Él, con Él y para Él dándonos a los demás en fraternal comunión.
El mundo ha impregnado la Navidad de materialismo y consumismo. Pero el mejor regalo que podemos
hacer a los seres queridos y a quienes nos rodean, somos nosotros mismos. Convertir nuestra presencia en el
mejor regalo llenándolo todo de amor, humildad, generosidad, entrega, servicio, reconciliación, perdón.
Basta con mirar hacia Belén y ante el portal donde tiene lugar el más grande Misterio de la Historia, buscar
la Luz y el sentido de nuestra vida en el único lugar donde es posible encontrarlo: en la inocencia de un Niño, el
silencio amoroso y generoso de un Padre y la entrega paciente, amorosa y servicial de una Madre. Un entorno
extraordinario de paz, ternura, cariño y amor… sentimientos que pueden impregnar el cotidiano caminar de
nuestra vida en Navidad y siempre.
¡Señor, ayúdanos a ser un buen regalo para los demás! ¡A donarnos plenamente, a entregarnos con el
corazón abierto, a hacerte presente en la vida del prójimo y llenar su vida de tu presencia! ¡Señor, nos has
regalado la fe para compartirla con los demás, para que nuestras preocupaciones y temores no disipen nuestro
servicio a los demás, para confiar en que tus designios no nos apartan de la senda del amor; ayúdanos a construir
a nuestro alrededor caminos de bondad! ¡Ayúdanos, Señor, a perdonar y a pedir perdón! ¡Ayúdanos a ayudar al
prójimo, a servirle, a entregarnos en sus necesidades humanas, profesionales, espirituales! ¡Ayúdanos, Señor, a
ser una bendición para el prójimo, ser reflejo de tus virtudes! ¡Ayúdanos a tener un ánimo grande, a ser
magnánimos, a tener un espíritu de generosidad, de humildad y de servicio; a aspirar a la santidad cotidiana!
¡Ayúdanos, Señor, a ser como Tú, que no aspirabas a engrandecerte a ti mismo, sino trabajar para Dios, a hacer
bien las cosas! ¡Ayúdame a evangelizar con nuestro ejemplo, con alegría, hablando de Ti a través de nuestras
palabras y acciones! ¡Señor, conviértenos por medio del Espíritu Santo en el mejor regalo para los demás!
Miramos a nuestros Sagrados Titulares en sus bellas y variadas invocaciones y advocaciones, y les
pedimos que que la celebración de esta Navidad nos conceda y ofrezcamos, el don, el regalo de la paz y la
alegría, la salud-salvación y la esperanza que el Señor trajo al mundo y que deseo para todos.
Porque en NAVIDAD, RECIBIMOS EL MEJOR REGALO: JESÚS. Que SIEMPRE, seamos REGALO
PARA LOS DEMÁS. ¡Todos de frente valientes!.
Recibid un fraterno abrazo y el deseo de un saludable, santo, fecundo, esperanzador y alegre mes.

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